Visita a la Konrad Lorenz

Hace unos cuantos días estuve presentando mi trabajo a un grupo de estudiantes de psicología de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz. Ellos, muy generosamente, me compartieron sus apreciaciones y quiero compartir con ustedes algunas de ellas. Infinitas gracias a la profesora Olga Lucía Paredes que me invitó a este bonito encuentro.  

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“Muchas gracias por la presentación, me llegó al alma, a lo más profundo de mi corazón ya que mi familia y yo fuimos desplazados por la violencia y llegamos a otro sitio donde hay también violencia, de otra manera, pero la hay. Después de ser víctima directa junto con mi familia  la vida nos cambió, nos llenó de tristeza, de recuerdos que nunca nunca se van a superar. El duelo nunca va a pasar, a pesar del tiempo sigue la tristeza y el dolor. El duelo nunca termina, se lleva en el alma”.

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“Es un trabajo realmente admirable y brinda a las víctimas la posibilidad de llenar un pequeño espacio de lo que perdieron a causa del conflicto”.

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“Aún no puedo asumir cómo es que somos humanos y nos entrenan para no sentir. Gracias por tu reflexión”.

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“Este tipo de espacios ayudan a reencontrarse, a empatizar con una persona que nunca se ha visto”.

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Fotografía: Natalie López Valencia


La forma del vacío

Comparto con ustedes un bello texto de María Juanita Becerra acompañado por fotografías de Pablo Salgado. Gracias a la productora María Paola Sánchez y a la revista Habitar por hacer posible este encuentro.

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Esta artista visual y magíster en antropología ha desarrollado un lenguaje caracterizado por imágenes que reflejan la memoria, el dolor y la ausencia. Lo hace con base en los testimonios de los testigos de conflictos políticos y sociales de distinta índole. Es así como estas personas se convierten en los protagonistas de su obra, y al mismo tiempo en objeto de estudio y reflexión en torno a la pasión del duelo.

La obra de Erika Diettes es, ciertamente, sobrecogedora. Y como no si nace desde la profundidad del dolor, del dolor del recuerdo y de la ausencia; se trata de la memoria de alguien que desapareció por causa de la violencia —en Colombia principalmente—. No obstante, sus instalaciones artísticas en absoluto pretenden representar dicha violencia (literalmente); ante todo exponen objetos que denotan imágenes cotidianas, pero que connotan un sentido trascendental: el sentido de la memoria atada al dolor, un dolor intenso y hasta puede que infinito…

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De todo lo anterior se deriva la intención de su obra: darle forma al duelo que provoca la muerte de un ser querido. El vacío que engendra alguien que se fue y nunca regresará articula los recursos que modelan el arte de Diettes. Por ejemplo, a partir de las conexiones emocionales (directas) que se generan entre los objetos pertenecientes a las víctimas y los familiares, la artista consigue —en cierto modo— retraer al presente a quien se ha perdido.

Por otro lado, en el contexto socio-político hay quienes aseguran que, en realidad nadie nunca ha aprendido del pasado, por lo que evocarlo no nos sustrae del dolor presente ni evita que repitamos los mismos errores del ayer. En otras palabras: “Auschwitz no nos vacunó contra Pakistán oriental en 1971, ni Pakistán oriental contra Camboya bajo los Jemeres Rojos, ni Camboya bajo los Jemeres Rojos contra el poder Hutu en Ruanda en 1994,” sostiene David Rieff (historiador y analista político). Siendo así, recordar u olvidar no hace una diferencia en el tiempo presente, puesto que en todo caso la historia se repite.  

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En contraste, Erika manifiesta que, “desear el olvido como sociedad es perverso”, acaso sería el equivalente a un alzhéimer moral. Por eso, resulta necesario construir una memoria colectiva desde los recuerdos (o memorias) íntimas de las personas. De hecho: “Cuando se trabaja con la intimidad de los dolientes se entiende que el olvido no es una posibilidad; es más, para alguien que ha atravesado situaciones de inmenso dolor el olvido sería un aliciente, inclusive un milagro, pero es imposible”.

Es fundamental que se proyecte el destino hacia el cual se encamina la memoria, y asimismo saber quiénes deben ser los portadores de la misma. El fin deberá ser siempre el resarcimiento, y no sólo los dolientes sino la sociedad en general deben apropiarse de esa memoria; permitir que las víctimas sean testigos aislados es también “perverso”; en cuanto la sociedad reconoce su pasado las víctimas se despojan del sufrimiento de ser los únicos en aceptar la verdad. Justamente ahí es cuando la sociedad se conduele de las heridas de los dolientes y ambos asumen las consecuencias de los crímenes perpetrados. Según ella, sólo así se logra una auténtica transformación social dirigida hacia la no repetición. En suma: “La justicia sin memoria es una justicia incompleta, falsa e injusta”, afirma el escritor Elie Wiesel.     

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Es de obligada mención la plasticidad de los elementos que componen sus instalaciones: el ‘espíritu de la obra’ junto a un material que esté buscando explorar de forma particular integran las coordenadas básicas de su proceso creativo. La unión del espacio con el montaje de la obra, aun cuando hace parte de ese mismo proceso, es de una importancia vital para la artista. De ahí que las dimensiones del espacio sean determinantes en relación, tanto con la obra como con el espectador; por ello la espacialidad del recinto transforma la espacialidad de la instalación. Sus propuestas nos conducen a entender el espacio como si fuera parte del montaje, haciendo una lectura conjunta de uno y otro (recinto y obra).     

Lo que Erika Diettes presenta a lo largo de sus instalaciones es la intimidad del dolor; su obra representa lo irrepresentable, narra lo inenarrable; revela sentimientos desgarradores con el interés de re-significarlos y producir a partir de ellos un efecto catártico en los dolientes. Así, se reconstruye el pasado desde el presente…, se vive la vida en prospectiva pero se entiende en retrospectiva.    

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Agradecimientos a Zandra Quintero Ovalle (Editora general)

y a Fernando Gómez Echeverri

(Director)


Relicarios: percibir la ausencia. (Museo de Antioquia / Medellín- Colombia / Noviembre 2016).

Reliquaries: The perception of absence (museum of antioquia / Medellín - Colombia / November 2016).

Después de siete años de trabajo, es sumamente gratificante ser testigo de cómo, al fin, Relicarios se consuma como un espacio memorial que honra a las víctimas de la violencia. No es un monumento muerto, sino una obra viva, cuyo escenario se extiende hasta la casa de los dolientes, que reciben la fotografía de cada relicario y lo transforman en altar, como si recibieran al ser que nunca volvió, honrándolo con un espacio en el hogar que es suyo y que nunca dejará de serlo.

La sala que albergó Relicarios, en el Museo de Antioquia, cumplió su cometido de servir como espacio donde las víctimas pudieron llorar a sus seres amados: Relicarios fue habitado como lugar sagrado. 

 

Following seven years of hard work, it is deeply satisfying to witness how, at last, Reliquaries is culminated as a memorial space revering the victims of violence. It is not a lifeless monument, but rather, a living work of art whose platform reaches the homes of those grieving. They embrace the picture of each reliquary and transform it into a shrine, as if welcoming the loved one who had never returned and honoring them with a place in the home that is theirs alone, and will forever continue to be.

The gallery housing Reliquaries at the Antioquia Museum served its purpose – to provide a space where victims could mourn their loved ones; Reliquaries was dwelled as a sacred space. 

En un país de dolientes, en un mundo de dolientes por la violencia generalizada, Relicarios se constituye como un homenaje a todas las víctimas de la guerra. Será por ello que, en medio del silencio habitual de la sala, a veces surgen murmullos, no son irrespetuosos en absoluto: simplemente entre el público, diverso y anónimo, empiezan a fluir historias, conversaciones motivadas por este encuentro con los vestigios de un largo conflicto. Algunos de los visitantes se sienten identificados y empiezan a contar su propia historia, la historia de sus propios desaparecidos, la historia de sus propios muertos. La sala ahora es también, un espacio de conversación, de encuentro con el otro, en el que los visitantes pueden compartir sus propios duelos, en sintonía, en hermandad con las familias que participaron de la obra, cuyo dolor sienten como propio. 

 

A country inhabited by mourners, in a world of people grieving because of widespread violence, Reliquaries comes to represent a tribute to all the victims of war. That may be why in the midst of the gallery’s customary silence, whispers surge from time to time. They are not disrespectful in any way, but rather, a flow of stories in the thick of anonymous and diverse viewers; conversations inspired by convergence with the remnants of a long-lived conflict. Some of the viewers feel certain empathy and begin to tell their own story, the story of their own disappeared loved ones; the story of their own deceased ones. The gallery has now also become a space for conversation, for encountering others; a space in which visitors can share their own mourning, attuned and in companionship with the other families participating in this work of art; feeling those families’ pain as though it were their own. 

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Aquel ciudadano que aparentemente no tiene nada que ver con el conflicto, también encuentra una atmósfera que le permite vincularse a una realidad de la que también es víctima de manera indirecta, donde la ausencia se vuelve perceptible en un escenario de duelo, pero también de solemne vitalidad, que activa la consciencia y la participación afectiva de una persona en un dolor que le es ajeno, pero al que puede conectarse gracias a su humanidad.

Los dolientes, a través del gesto generoso y de confianza sin igual de donar, de desprenderse de los últimos vestigios de sus seres amados, han convertido sus tesoros personales en reliquias sociales con el fin de hacer reconocible la ausencia. Como comentó Alsdair Foster, así como el ámbar fosiliza vestigios de vida, resguardando conocimientos invaluables de un pasado lejano, el amor preservó con sumo cuidado estos tesoros humildes, pero incalculablemente valiosos, que son la memoria de un pasado inmediato, no lejano, casi presente aún, que nos urge preservar y transmitir de generación en generación.

 

Any person with seemingly no ties to the conflict will also find an enabling environment that will allow them to relate with a realm of which they too are victims, even if in an indirect manner. Here, absence is perceived inside a platform filled with grief, but also with an earnest vivacity that activates consciousness and the emotional participation of an outsider who can nevertheless empathize thanks to their compassion.

Through the generous gesture and infinite trust displayed by their donation, mourners have turned their special, individual treasures into social relics so as to make absence perceptible. As Alsdair Foster stated, just as amber fossilizes the remnants of life – safeguarding irreplaceable understanding of a remote past - so love has preserved these unassuming but immeasurably cherished treasures; a memory of a past so recent it is almost present, urging us to uphold and transfer it throughout the following generations.  

Una fotografía, un pedazo de prenda, un cepillo de dientes, una pluma, o hasta la tierra que pisó la persona amada es un indicio su existencia, de una vida que fue borrada, de un sufrimiento, de una infamia cometida y negada, lo que es peor. Estas reliquias, estos tesoros, así sean apenas tierra, pluma o polvo, son la promesa de no olvido.

Solo el amor puede atreverse a recordar sin importar el dolor que ello conlleva. Lo contrario al amor es el olvido, la indiferencia. Por eso, estas personas no se pueden permitir olvidar, por eso, Colombia no se puede permitir olvidar. El arte permite honrar el recuerdo, enjugar el dolor con solemnidad, porque a través de la belleza es posible reivindicar la dignidad. 

 

A picture, a piece of cloth from a garment, a toothbrush, a feather, or even the dirt their loved one lay foot on, is indicant of an existence, of a life that was obliterated, of a suffering, or what is worse, of a depravity that albeit denied, was inflicted. These relics, or treasures, despite being just dirt, feathers or dust, are a promise to never be forgotten.

Only love can dare to evoke a memory regardless of the pain it entails. The opposite of love is oblivion and indifference, hence we cannot allow ourselves to forget these people; Colombia cannot allow itself to forget. Art allows us to revere the reminiscence and embellish the pain with solemnity, as it is through beauty that we can reclaim dignity.

Las luces en un escenario oscuro iluminan lo que estaba oculto, lo que estaba desaparecido, lo que no se podía visualizar. Cada Relicario tiene su propia luz que lo baña, que lo pone en evidencia. En la medida en que el panorama se esclarece, también se perfila lo desoladora que es la verdad. No obstante, lo que se logra a través del arte es honrar —a través de la disposición de los objetos, la simetría de las urnas, la calidez, los juegos de las luces que se reflejan en los Relicarios y la reverencia de quienes los visitan, que los visualizan uno por uno e incluso se agachan o se sientan a contemplarlos con detenimiento— a los dolientes, todo ese ritual enaltece la memoria de aquellos a quienes la violencia intentó borrar, y el valor de los que se quedaron con el recuerdo. 

 

In a dark stage, lights expose what was hidden, what was disappeared and could not be perceived. Each reliquary has a light of its own that saturates and reveals it. As the overall view is lit up, so the desolate qualities of reality are delineated. Nevertheless, what is achieved through art is reverence – the placement of the objects, the symmetry of the casings, the interplay of lights reflected in the reliquaries as well as the respect of visitors viewing them one by one. Some visitors even bend over or sit in order to examine them in detail. The whole ritual extols the memory of those who tried to be obliterated by the violence, as well as of those who were brave enough to preserve that memory. 

 

Por ello, cabe extender un profundo agradecimiento a todas las personas que hicieron posible la realización de esta, la primera exposición de Relicarios:

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Al Museo de Antioquia, a su directora María del Rosario Escobar que comprendió la magnitud del compromiso social que supone este proyecto, sin escatimar esfuerzos para que la exposición se prolongara durante cinco meses alcanzando los 95.000 visitantes; a todo su equipo de trabajo: María Adelaida Bohórquez, Julián Zapata, Carlos Mario Jiménez, Juan Guillermo Bustamante, a los maravillosos montajistas Carlos Vélez y Jaime Montoya, que asumieron el reto de un montaje arduo, a los guías que con entrega y diligencia asumieron la tarea de orientar a los visitantes, y en general, a todo el museo por acoger y velar con esmero, para otorgarle a los dolientes un espacio digno, sagrado y bello para albergar sus reliquias.  

 

Hence, it is fitting to convey profound gratitude to all those who participated in this first Reliquaries exhibit:

 To the Antioquia Museum and its Director, Maria del Rosario Escobar, who grasped the magnitude of the social commitment involved in this project and spared no efforts in extending the exhibit for five months, for a total of 95,000 visitors. To the Museum’s team: María Adelaida Bohórquez, Julián Zapata, Carlos Mario Jiménez, Juan Guillermo Bustamante, the wonderful assemblage crew Carlos Vélez and Jaime Montoya, who undertook the challenge of a demanding installation and the guides who accepted with diligence and commitment the task of directing visitors. In general, immense thanks to the whole of the Museum for hosting and looking after the pieces with much dedication so as to offer the mourners a dignified, sacred and beautiful place to accommodate their reliquaries.