Sudarios - Santuario de San Pedro Claver - Cartagena

Una vez más tengo el honor de exponer Sudarios. Esta vez en el Santuario San Pedro Claver, Sede de los Derechos Humanos en Colombia (Cartagena). Fue sumamente gratificante recibir el llamado del padre Jorge Camacho Sj, proponiendo inaugurar la exposición el 9 de abril, Día de la Memoria y Solidaridad con las víctimas del conflicto armado, fecha en la que se me invitó a participar de un conversatorio, en el Atrio de los Gentiles, con mujeres víctimas del conflicto armado colombiano, espacio en el que apenas pude expresar palabra —frente a la magnitud de los testimonios expresados por ellas— para ofrecerles mi obra como un homenaje.

Los Sudarios se elevaron en un espacio solemne que, más allá de ser religioso, es un santuario que propicia el silencio y el recogimiento. Es un espacio sagrado porque sagrada es la actitud de las personas que lo visitan, y es en este sentido que se puede comprender su gran valor. Es además, un lugar en el que se posibilita el diálogo y la reflexión acerca de los temas que nos competen en el reino de este mundo, donde los Derechos Humanos son un asunto tan divino como terrenal, y de necesaria discusión, donde todos tenemos cabida más allá de nuestras creencias. 

Quiero expresar un sincero agradecimiento a todas las personas que hicieron posible este encuentro, al equipo de montaje liderado por Salim Osta Lefranc, director del Grupo Conservar, y a su equipo de trabajo Manuel Acosta, Henry Osta y Manuel Perez. Al hotel Santa Clara que auspició el planchado de los Sudarios, a las manos de Yenis Garrido, Harol Torres, Jaszmín Cuellar, Gilmar Ochoa y Faber Mata, el equipo de lavandería que recibió la obra con tanto cariño y cuidado. Agradezco también a Yeidis Bobadilla por su gestión y a los padres jesuitas Mauricio Moreno, Carlos Ossa, Luis Ortíz, Carlos Franco Revelo, Álvaro Gutierrez, Tulio Aristizábal y al padre Jorge Camacho por interesarse en mi obra y llevarla a este espacio cargado de historia y de significado para la reivindicación de los Derechos Humanos.

La luz del sol siempre ha iluminado los Sudarios en los diferentes santuarios y templos en que se han expuesto, aportándole a la obra un resplandor que interpreto como parte del ritual que esta exposición logra ser, gracias a la suma de todos los elementos que espontáneamente aparecen. En este sentido agradezco al sol de las cinco de la tarde por darle a mi obra una nueva luz, y a la brisa por mover los rostros, por concederles una danza sagrada, por purificarlos, por ayudarlos a transitar el dolor.

Finalmente agradezco a Natalie López Valencia, mi asistente, por su apoyo, paciencia, y por su mirada atenta para captar cada momento.


Fotografía: Natalie López Valencia

Conversatorio en la FILBO: "Arte, memoria y archivos. Reflexiones para el Museo de Memoria Histórica de Colombia".

Comparto con ustedes el registro fotográfico de lo que fue el conservatorio "Arte, memoria y archivos. Reflexiones para el Museo de Memoria Histórica de Colombia", un espacio propuesto por el Centro Nacional de Memoria Histórica en el marco de la Feria del Libro de Bogotá (FILBO) 2018, donde tuve la oportunidad de conversar con Víctor Vich, Sandra Arenas, Rubén Chababo y los asistentes, acerca de la memoria histórica como elemento articulador entre el arte y los archivos. 

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Fotografía: Natalie López Valencia

ASÍ FUE EL MONTAJE DE RELICARIOS ARGENTINA

Quiero compartir con ustedes lo que fue el proceso de montaje de Relicarios en El Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. No me extenderé mucho en palabras para que a través de los videos y las fotografías puedan apreciar un poco más directamente lo que fue esta experiencia, pero antes, quiero extender un profundo agradecimiento a todas las instituciones que hicieron de esta exposición, un gran reto, algo posible: Lannan Foundation; Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura; Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH); Cancillería, Embajada de Colombia en Argentina; Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti; Secretaría de los Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Argentina.

Y por supuesto, quiero agradecer a todas las personas que hicieron parte de esta experiencia:

 

A Rubén Chababo

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 Alex Kurland

Director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

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Eduardo Feller

Sub-Director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti

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Graciela Karababikian

Directora de Programa del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH)

Patricia Tappatá

Directora del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH)

Pablo Wiznia

Asesor del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH)

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Equipo de producción

Pablo Wisznia

Natalia Uccello

Paula Uccello

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Equipo de montaje:

Fernando Brizuela

Luciano Carbati

Donato Leon

Martín Sandoval

Lucas Alvarez 

Rodrigo Riquelme 

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Adaptación técnica de la obra

Gabriel Caputo 

 

Equipo de iluminación

Flor Bengolea

Santiago G. Toribio

Alexis N. Mansilla

Andrés A. Mansilla

Pablo G. Brites

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A mi asistente Natalie López Valencia, toda mi gratitud por su dedicado, paciente y delicado trabajo.

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Y a Javier Corbalán por su mirada y sutil forma de contar lo que fue el proceso de montaje en estos hermosos videos.

 

Día 1

Día 2

Día 3

Día 4

 
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Este era el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti antes ser intervenido para la exposición de Relicarios. (Crédito fotografía: Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti).


Fotografía: Natalie López Valencia

Relicarios en Los Informantes

Quiero compartir y agradecer el trabajo hecho por Tatiana Bensa, Juan Manuel Parra, María Elvira Arango y en general a todo el equipo humano de Los Informantes, que a través de su programa permitieron que Relicarios entrara a la casa de un gran número de colombianos, donde algunos dolientes pudieron contar su historia detrás de las reliquias que atesoran y a través de las cuales honran la ausencia de sus seres amados. 
Gracias por hacer un trabajo a conciencia y minucioso acerca de esta obra, y por lograr con ello que muchas personas pudieran conocerla y sentirse conmovidas, hermanadas con el dolor de otros.

Ese domingo después de la transmisión del programa recibí un sin número de mensajes de personas que de alguna manera se sintieron identificadas con la obra y con los dolientes, mensajes de víctimas que buscaban que su ausencia y su dolor fuera reconocido y representado, y en general, mensajes que me permitieron conocer el lugar de transformación real que puede ocupar el arte en el entorno social y en la percepción de las personas, mensajes que confirman que Colombia es un país de dolientes, en donde todos hemos sido afectados por la violencia sin excepción, pero que también somos un país donde el duelo nos permite un lugar a la memoria, a la transformación y también a la esperanza. 

Les comparto el programa:

Visita a la Universidad Militar Nueva Granada

Quiero compartir con ustedes algunas fotografías de lo que fue mi conferencia en la Universidad Militar Nueva Granada. Gracias profundas a Marta Inés Fierro quien me brindó la posibilidad de compartir mi trabajo entre los estudiantes de medicina, gracias por percibir ese punto de comunión que hay entre la sanación y el arte, y gracias a todas las personas que compartieron conmigo sus experiencias y de esta forma me permiten aprender constantemente otras maneras de comprender el duelo, la muerte, la enfermedad, pero también la alegría, el amor y la vida. 

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Fotografía: Natalie López Valencia

Visita a la Konrad Lorenz

Hace unos cuantos días estuve presentando mi trabajo a un grupo de estudiantes de psicología de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz. Ellos, muy generosamente, me compartieron sus apreciaciones y quiero compartir con ustedes algunas de ellas. Infinitas gracias a la profesora Olga Lucía Paredes que me invitó a este bonito encuentro.  

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“Muchas gracias por la presentación, me llegó al alma, a lo más profundo de mi corazón ya que mi familia y yo fuimos desplazados por la violencia y llegamos a otro sitio donde hay también violencia, de otra manera, pero la hay. Después de ser víctima directa junto con mi familia  la vida nos cambió, nos llenó de tristeza, de recuerdos que nunca nunca se van a superar. El duelo nunca va a pasar, a pesar del tiempo sigue la tristeza y el dolor. El duelo nunca termina, se lleva en el alma”.

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“Es un trabajo realmente admirable y brinda a las víctimas la posibilidad de llenar un pequeño espacio de lo que perdieron a causa del conflicto”.

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“Aún no puedo asumir cómo es que somos humanos y nos entrenan para no sentir. Gracias por tu reflexión”.

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“Este tipo de espacios ayudan a reencontrarse, a empatizar con una persona que nunca se ha visto”.

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Fotografía: Natalie López Valencia


La forma del vacío

Comparto con ustedes un bello texto de María Juanita Becerra acompañado por fotografías de Pablo Salgado. Gracias a la productora María Paola Sánchez y a la revista Habitar por hacer posible este encuentro.

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Esta artista visual y magíster en antropología ha desarrollado un lenguaje caracterizado por imágenes que reflejan la memoria, el dolor y la ausencia. Lo hace con base en los testimonios de los testigos de conflictos políticos y sociales de distinta índole. Es así como estas personas se convierten en los protagonistas de su obra, y al mismo tiempo en objeto de estudio y reflexión en torno a la pasión del duelo.

La obra de Erika Diettes es, ciertamente, sobrecogedora. Y como no si nace desde la profundidad del dolor, del dolor del recuerdo y de la ausencia; se trata de la memoria de alguien que desapareció por causa de la violencia —en Colombia principalmente—. No obstante, sus instalaciones artísticas en absoluto pretenden representar dicha violencia (literalmente); ante todo exponen objetos que denotan imágenes cotidianas, pero que connotan un sentido trascendental: el sentido de la memoria atada al dolor, un dolor intenso y hasta puede que infinito…

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De todo lo anterior se deriva la intención de su obra: darle forma al duelo que provoca la muerte de un ser querido. El vacío que engendra alguien que se fue y nunca regresará articula los recursos que modelan el arte de Diettes. Por ejemplo, a partir de las conexiones emocionales (directas) que se generan entre los objetos pertenecientes a las víctimas y los familiares, la artista consigue —en cierto modo— retraer al presente a quien se ha perdido.

Por otro lado, en el contexto socio-político hay quienes aseguran que, en realidad nadie nunca ha aprendido del pasado, por lo que evocarlo no nos sustrae del dolor presente ni evita que repitamos los mismos errores del ayer. En otras palabras: “Auschwitz no nos vacunó contra Pakistán oriental en 1971, ni Pakistán oriental contra Camboya bajo los Jemeres Rojos, ni Camboya bajo los Jemeres Rojos contra el poder Hutu en Ruanda en 1994,” sostiene David Rieff (historiador y analista político). Siendo así, recordar u olvidar no hace una diferencia en el tiempo presente, puesto que en todo caso la historia se repite.  

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En contraste, Erika manifiesta que, “desear el olvido como sociedad es perverso”, acaso sería el equivalente a un alzhéimer moral. Por eso, resulta necesario construir una memoria colectiva desde los recuerdos (o memorias) íntimas de las personas. De hecho: “Cuando se trabaja con la intimidad de los dolientes se entiende que el olvido no es una posibilidad; es más, para alguien que ha atravesado situaciones de inmenso dolor el olvido sería un aliciente, inclusive un milagro, pero es imposible”.

Es fundamental que se proyecte el destino hacia el cual se encamina la memoria, y asimismo saber quiénes deben ser los portadores de la misma. El fin deberá ser siempre el resarcimiento, y no sólo los dolientes sino la sociedad en general deben apropiarse de esa memoria; permitir que las víctimas sean testigos aislados es también “perverso”; en cuanto la sociedad reconoce su pasado las víctimas se despojan del sufrimiento de ser los únicos en aceptar la verdad. Justamente ahí es cuando la sociedad se conduele de las heridas de los dolientes y ambos asumen las consecuencias de los crímenes perpetrados. Según ella, sólo así se logra una auténtica transformación social dirigida hacia la no repetición. En suma: “La justicia sin memoria es una justicia incompleta, falsa e injusta”, afirma el escritor Elie Wiesel.     

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Es de obligada mención la plasticidad de los elementos que componen sus instalaciones: el ‘espíritu de la obra’ junto a un material que esté buscando explorar de forma particular integran las coordenadas básicas de su proceso creativo. La unión del espacio con el montaje de la obra, aun cuando hace parte de ese mismo proceso, es de una importancia vital para la artista. De ahí que las dimensiones del espacio sean determinantes en relación, tanto con la obra como con el espectador; por ello la espacialidad del recinto transforma la espacialidad de la instalación. Sus propuestas nos conducen a entender el espacio como si fuera parte del montaje, haciendo una lectura conjunta de uno y otro (recinto y obra).     

Lo que Erika Diettes presenta a lo largo de sus instalaciones es la intimidad del dolor; su obra representa lo irrepresentable, narra lo inenarrable; revela sentimientos desgarradores con el interés de re-significarlos y producir a partir de ellos un efecto catártico en los dolientes. Así, se reconstruye el pasado desde el presente…, se vive la vida en prospectiva pero se entiende en retrospectiva.    

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Agradecimientos a Zandra Quintero Ovalle (Editora general)

y a Fernando Gómez Echeverri

(Director)


Relicarios: percibir la ausencia. (Museo de Antioquia / Medellín- Colombia / Noviembre 2016).

Reliquaries: The perception of absence (museum of antioquia / Medellín - Colombia / November 2016).

Después de siete años de trabajo, es sumamente gratificante ser testigo de cómo, al fin, Relicarios se consuma como un espacio memorial que honra a las víctimas de la violencia. No es un monumento muerto, sino una obra viva, cuyo escenario se extiende hasta la casa de los dolientes, que reciben la fotografía de cada relicario y lo transforman en altar, como si recibieran al ser que nunca volvió, honrándolo con un espacio en el hogar que es suyo y que nunca dejará de serlo.

La sala que albergó Relicarios, en el Museo de Antioquia, cumplió su cometido de servir como espacio donde las víctimas pudieron llorar a sus seres amados: Relicarios fue habitado como lugar sagrado. 

 

Following seven years of hard work, it is deeply satisfying to witness how, at last, Reliquaries is culminated as a memorial space revering the victims of violence. It is not a lifeless monument, but rather, a living work of art whose platform reaches the homes of those grieving. They embrace the picture of each reliquary and transform it into a shrine, as if welcoming the loved one who had never returned and honoring them with a place in the home that is theirs alone, and will forever continue to be.

The gallery housing Reliquaries at the Antioquia Museum served its purpose – to provide a space where victims could mourn their loved ones; Reliquaries was dwelled as a sacred space.